Satanás llevaba siglos esperando una señal digna del fin de los tiempos. Una mañana, la tostadora hizo clic. La tostada salió demasiado hecha. «Por fin», murmuró. Le puso mantequilla, la probó y descubrió que estaba bastante buena. Canceló el apocalipsis hasta después del desayuno. El infierno siguió funcionando con normalidad, salvo por una nota interna: comprar una tostadora con temporizador.
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